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R O M A
La historia de la Roma antigua suele dividirse en tres grandes etapas: monarquía, república e imperio, desde su fundación legendaria en el 753 a. C. hasta la caída del Imperio romano de Occidente en 476 d. C. Durante ese tiempo pasó de ser una pequeña ciudad a dominar casi todo el Mediterráneo y gran parte de Europa, influyendo de forma decisiva en la política, el derecho, la lengua y la cultura de Europa posterior.
Etapas principales
Roma comenzó con la Monarquía (753-509 a.C.), gobernada por siete reyes como Rómulo y etruscos influyentes. La República (509-27 a.C.) vio conquistas clave, como las Guerras Púnicas contra Cartago (264-146 a.C.), que expandieron su dominio por el Mediterráneo, y figuras como Julio César. El Imperio (27 a.C.-476 d.C.) alcanzó su apogeo con Augusto, Trajano y construcciones como el Panteón, hasta su caída en Occidente por invasiones y crisis internas.
República (509‑27 a. C.): El poder se reparte entre magistrados elegidos, el Senado y asambleas populares, con una fuerte influencia de la aristocracia senatorial. En esta etapa Roma conquista primero la península itálica y luego se expande por el Mediterráneo, derrotando a Cartago en las Guerras Púnicas y ocupando territorios como Hispania, Grecia y parte de Asia Menor.
Imperio (27 a. C.‑476 d. C. en Occidente): Tras las guerras civiles, Octavio (Augusto) concentra el poder y se convierte en el primer emperador en 27 a. C., manteniendo en apariencia las instituciones republicanas pero controlándolas de facto. El imperio alcanza su máxima extensión bajo Trajano, desde Britania hasta Oriente Próximo y el norte de África, antes de entrar en una larga fase de crisis, divisiones y presiones bárbaras que culminan con la deposición del último emperador de Occidente en 476 d. C.
Política y sociedad
Organización política: En la república, los cónsules, el Senado y las asambleas ciudadanas compartían el poder, aunque la élite patricia dominaba la vida política. Con el imperio, el emperador concentra la autoridad militar y administrativa, pero sigue utilizando el Senado y las leyes para legitimar su poder.
Estructura social: La sociedad romana estaba muy jerarquizada, con una élite de senadores y caballeros, una masa de ciudadanos comunes (plebeyos), libertos y una gran cantidad de esclavos. La ciudadanía romana se fue ampliando progresivamente hasta abarcar a muchos habitantes libres del imperio, especialmente a partir del Edicto de Caracalla en el siglo III d. C.
Cultura y legado
Cultura y religión: Roma asimiló gran parte de la cultura griega (dioses, filosofía, arte) y la combinó con tradiciones itálicas propias, creando una religión politeísta centrada en el culto público y doméstico. Con el tiempo, el cristianismo se extendió y obtuvo reconocimiento legal con el Edicto de Milán en el siglo IV d. C., convirtiéndose después en religión favorecida del imperio.
Legado: El derecho romano, el latín como lengua, las instituciones urbanas (foros, termas, anfiteatros) y las infraestructuras como calzadas y acueductos han marcado profundamente la civilización europea posterior. Muchos idiomas modernos (como el castellano, el francés o el italiano) derivan directamente del latín, y numerosas ideas políticas y jurídicas europeas se inspiran en la experiencia romana.
Crisis y caída
Problemas internos: Desde el siglo III d. C. el imperio afronta guerras civiles, crisis económicas, epidemias y dificultades para mantener el enorme aparato militar y administrativo. Las reformas de emperadores como Diocleciano y Constantino intentan estabilizar el sistema, incluso dividiendo la administración en Oriente y Occidente y fundando Constantinopla como nueva capital en el este.
Caída de Occidente: El Imperio romano de Occidente sufre invasiones y asentamientos de pueblos germánicos, así como saqueos de Roma en 410 y 455 d. C.. En 476 d. C., el líder germano Odoacro depone al último emperador, Rómulo Augústulo, acontecimiento que suele marcar tradicionalmente el final de la Antigüedad y el inicio de la Edad Media en Europa occidental.
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